En sentido estricto, laico es todo bautizado, ya sea “religioso” o no.
Entre los laicos, hay laicos consagrados, cristianos que con pleno sentido y madurez, quieren vivir su vida, por vocación, al servicio de Dios y de la Iglesia.
Los laicos consagrados son personas que sin ser sacerdotes se sienten llamadas a una consagración esponsal a Dios, y para responder y estar totalmente disponibles se vinculan a los consejos evangélicos de pobreza, obediencia y castidad.
El canon 573 dice: “La vida consagrada por la profesión de los consejos evangélicos es una forma estable de vivir en la cual los fieles, siguiendo más de cerca a Cristo, se dedican totalmente a Dios…”.
Fuera de los institutos de vida consagrada o institutos religiosos también existen los institutos seculares y seglares, en los cuales “los fieles, viviendo en el mundo, aspiran a la perfección de la caridad, y se dedican a procurar la santificación del mundo sobre todo desde dentro de él. Por su consagración un miembro de un instituto secular no modifica su propia condición canónica, clerical o laical…”. (Canon 710-711).
La modalidad de esa consagración (mediante voto, juramento o promesa) es en todo caso una profesión privada, no pública, de los consejos evangélicos.
Muchos hombres y mujeres, solteros y casados, así como numerosos sacerdotes diocesanos, han sido llamados por Dios a recorrer el camino de la perfección evangélica, imitando el ejemplo y la forma de vida de San Francisco de Asís, participando de su carisma y haciéndolo presente en el mundo.
Se comprometen a seguir a Jesucristo y a vivir el Evangelio en Fraternidad, ingresando en la Orden Franciscana Seglar. Expresan así su gran estima por el don del bautismo, que en ellos se revela cada vez más pleno y fructífero.
La Iglesia ha mostrado siempre su gran estima por esta forma de vida, suscitada por el Espíritu Santo «para el bien de la Iglesia y de la sociedad humana» y, mediante las Reglas aprobadas por los Sumos Pontífices, Honorio III, Gregorio IX, Nicolás IV, León XIII y Pablo VI, cuidó de que esta forma de vida se adaptara, en el curso de la historia, a las exigencias y expectativas de la misma Iglesia.
La Iglesia acepta el compromiso y la profesión de aquellos que acceden a la vida y Regla de la Orden Franciscana Seglar por medio del sacerdote y por el Ministro que representa a la Fraternidad pide para ellos la ayuda y la gracia de Dios con su oración pública; imparte sobre ellos su bendición y asocia su compromiso o profesión al sacrificio eucarístico.
Solo un hombre santificado en la acción litúrgica, donde experimenta la inmensidad y la fuerza del amor de Dios, puede ser capaz de una respuesta de amor. Por otra parte, en la celebración se refleja el sentir de la Iglesia acerca de la Profesión en la Orden Franciscana Seglar. En efecto, la liturgia siempre es confessio fidei, porque en ella, es decir en su realización durante la acción ritual, la Iglesia proclama de manera auténtica la propia fe en el Misterio dela Salvación que se hace real en los fieles y por medio de los fieles.
Quien emite la Profesión en la O.F.S. dice: “Habiendo recibido esta gracia de Dios, renuevo las promesas del Bautismo y me consagro al servicio de su Reino” (Rito de la Profesión). La dedicación al servicio del Reino se realiza porque es el Señor quien da la gracia de consagrarse a la causa del Reino.
LA PROFESIÓN ES GRACIA Y DON DEL ESPÍRITU.
No sólo el Espíritu Santo es la fuente de la vocación de los franciscanos seglares (Const. Gen. 11), pues ellos son impulsados por el Espíritu a alcanzar la perfección de la caridad en su estado seglar (Regla 2); también la Profesión es también obra del mismo Espíritu. Por tanto, las “Notas preliminares” (n.7) del Ritual afirman que “el ritual OFS ha de manifestar claramente el don del Espíritu y el propósito (intención) de vida evangélica propio de la Orden Franciscana Seglar”.
Y así, tras el rito religioso un laico ejerce libremente sus promesas de Castidad, Pobreza y Obediencia en su estado de vida (soltero, casado, consagrado) , a través de las huellas de San Francisco, en el rito religioso, ante la Iglesia y los hombres, convirtiéndose en un Franciscano Seglar, en un laico consagrado.
Por eso es valida esta opinión: «Nosotros LA ORDEN FRANCISCANA SEGLAR (O.F.S.), nacemos en 1221 del mismo Padre Fundador San Francisco de Asís, junto con los Frailes Menores y las Clarisas. Fue Francisco de Asís quien nos quiso laicos. No somos una creación de los Frailes. SOMOS UNA ORDEN DE CONSAGRADOS, Seglares, PERO CONSAGRADOS AL FIN, con Autonomía y eso es único.»

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